Cuando venía en el transporte público para llegar a mi trabajo, pasé por un local de venta de varillas de acero y por alguna razón extraña, como las que nos suceden a cada rato en este mundo, se me vino a la mente aquel hombre que me rompió el corazón hace ya tantos años. Tal vez lo recordé porque él era un amante del reciclaje, por lo que su casa siempre estaba llena de tubos, madera, palets, muebles viejos, puertas, verjas, plásticos u otros objetos reciclables, y ver el local lleno de artilugios metálicos me transportó a esos momentos felices que después se volvieron en dolor y tormento.

De las cosas buenas que me dejó esa relación fue la pasión por darle otro uso a las cosas que ya no necesitamos, él hacía obras de arte con todos los materiales que tenía en casa, aquellas que para muchos eran basura pero para él era otra forma de expresar la imaginación y creatividad que nunca abandonaban su cabeza.

Pero además de obras de arte, él realizaba muebles con los materiales que encontraba. Su casa estaba decorada con este tipo de muebles, todos realizados por él. Su sala era de palets de madera, de esas famosas que encuentras en internet a cada rato, con pasos de hágalo usted mismo pero que pocos realmente lo hacemos, por eso lo admiraba tanto. Su casa tenía un pequeño jardín cuyas paredes cubiertas de palets albergaban muchas plantas colgantes y la mesita de afuera también estaba hecha del mismo material.

Su sala estaba acompañada de diferentes huacales barnizados que contenían libros por montón, películas y videojuegos. Recuerdo que su habitación tenía un armario hecho con tubos de plomería pintados en negro y su mesita de noche estaba hecha de un carrete para cableado, de esos que parecen un hueso de madera. La cabecera de su cama era la puerta de algún ropero viejo y el mueble para su televisión era una pila de maletas apiladas de diferentes tamaños que le daban un aspecto vintage a la habitación.

Realmente me sorprendía mucho la creatividad y paciencia para realizar estos muebles. No se comparaba en nada al reciclable que yo había elaborado cuando estaba en la etapa de estudiante, aquella en donde usábamos las latas de comida para realizar unos lapiceros muy monos, botellas de plástico para hacer alcancías o tubos de papel de baño para crear marionetas. Este tipo de reciclaje está en otro nivel y es por eso que es tan vistoso, tan bello y tan llamativo.

En internet he visto cómo hacen bolsas con los pantalones de mezclilla o tapetes para el baño con las toallas viejas. El cómo convierten una sudadera en una cama para perro o llantas viejas en maceteros multicolor. Yo estaba aprendiendo a crear estas maravillas junto a él antes de dejarme sin un motivo aparente, pero ese gusto nunca se me quitó y aunque dudo mucho que haga muebles con carros viejos o utilice metal para crear alguna obra de arte, siempre intento reciclar lo mínimo que puedo, al menos esa enseñanza fue la que me dejó.