Month: October 2017

Tres malos hábitos que propician la diabetes

Cuando fui diagnosticado con diabetes a mis 29 años, sentí que el mundo se me venía encima. Recuerdo que fui con el médico por un dolor en el pie y éste me dijo que debería tener cuidado con el pie diabético. Me sorprendió su respuesta porque yo creía que no tenía esa enfermedad, por lo que el médico me dijo que basado en mi presión y la hinchazón de mi extremidad, él creyó que la tenía, así que para confirmarlo o descartarlo me mando a hacer unos estudios, los cuales confirmaron su diagnóstico. Tuve que sobreponerme a la noticia y comenzar a hacer cambios en mi vida si no quería que la enfermedad se agravara y los años que tenga por delante se recorten. Tenía la intención de seguir viviendo varios años más. Pero en el fondo sabía que pude haber evitado estar en esta situación, pero tenía algunos hábitos bien identificados, que sabía debía ponerles fin, pero no quise. PAN, PELIGROSO PERO DELICIOSO Desde pequeño me encanta comer pan dulce o acompañar mis alimentos con bolillo o telera, lo disfruto en demasía. Recuerdo que de pequeño mi papá nos llevaba donas Bimbo u otro producto de la marca del osito blanco, y nosotros lo devorábamos por las noches. Mi madre lo regañaba, pero no era su culpa, era nuestra, pues nosotros decidíamos comerlo hasta el hartazgo. Crecí y la manía de cenar pan con café o leche se mantuvo. Incluso llegué a desayunar y cenar lo mismo. Cuando tenía hambre entre comidas, por ejemplo a medio día, prefería ir a buscar un pan en lugar de comer una fruta o alguna semilla para calmar mis tripas, que rugían como leones furiosos. Si me volvía a dar mucha hambre horas después de la comida y antes de la cena, otra vez me refugiaba en el pan, quien también era mi consuelo en momentos de tristeza y soledad. DEJÉ TARDE EL SEDENTARISMO No sé porque si como tanto pan, no subía de peso exageradamente. Algunos médicos decían que por mi metabolismo, mi edad, mi estatura, etc, etc. Así que no me preocupaba por hacer ejercicio, prefería dormir más, jugar videojuegos o ver la televisión. No quería ni moverme pese a que sabía que tenía que hacerlo. Un día, quien era mi novia en ese momento me dijo que estaba más gordo, la panza me había crecido. Esto provocó que me diera un poco de pena y  miedo, pues la persona que me gustaba comenzaba a verme defectos y podría cruzársele la idea de dejarme. Con casi 100 kilos de peso me inscribí en el gimnasio, aproximadamente siete meses antes de ser diagnosticado como diabético. La decisión de bajar de peso la tomé demasiado tarde. UN POQUITO DE AZUCAR PARA TODO No tomaba mucho refresco, pero sí uno o dos a la semana, tenía un gusto extraño de ponerle azúcar a las naranjas, cosa que no sucedía seguido pero sí remojaba la fruta un par de veces en la cubeta del azúcar. También le llegaba a poner 3 o cuatro cucharadas al café, lo que era demasiado, pues tomaba este líquido tres o cuatro veces por semana. De poquito en poquito, fui llevando mi cuerpo directito a la diabetes.