Es molesto en ocasiones ver como las parejas postean cada momento de su vida privada en Facebook, diciéndose cuánto se aman, presumiendo que están viendo comedores de mármol para remodelar su casa, etc. El problema no es que lo que escriben, sino que lo hacen a diario y publican cosas que podrían decírselas en persona y hasta un beso pueden agregarle. Pero lo peor es cuando esto no es más que hipocresía y su realidad es otra. En sus fotos y mensajes parecen ser la pareja perfecta, pero quienes los conocen en realidad saben que sus vidas son un infierno.

Te voy a contar la historia de mi hermana, a quien no veo muy seguido desde que se casó y se fue a vivir con su pareja, un hombre que nunca me ha caído bien. Pues de un tiempo para acá he estado viendo cientos de publicaciones diarias de mi hermana presumiendo sus vacaciones con su esposo, le desea buenas noches junto a una foto de ambos con mi pequeño sobrinito, le escribe que está pensando en él en el trabajo y cursilerías así, de las cuales no estoy en contra hasta que me enteré de la verdad.

Un día llegué a casa y vi varias maletas en el pasillo con ropa de mujer, como si alguien se fuera a mudar, entonces reconocí un par de tenis, los favoritos de mi hermana y supe que algo había pasado. Tanta felicidad y mensajería no era normal en ella, y el hecho de ver sus cosas en la casa confirmaba mis sospechas. Cuando volvió con mi mamá me contó lo que pasó, y resulta que su esposo la acusa de engañarlo con un compañero del trabajo, por lo que le estaba exigiendo que dejara su empleo y se dedicara únicamente al hogar y su hijo, que él podía mantenerlos bien. Cosa que es verdad, pero ¿por qué dejaría mi hermana de hacer algo que tanto le gusta sólo por darle gusto a ese hombre? Pues al negarse y comenzar un pleito, él la golpeó y ella decidió agarrar sus cosas y salirse. Él le grito que no volviera hasta que aceptara que lo había engañado, aunque no fuera cierto.

Pasó casi una semana en casa, llorando y peleándose por teléfono con su marido, a veces platicaba con su hijo, quien sirvió como amenaza para mantener el contacto con mi hermana. Le decía que no iba a volver a verlo y cosas por el estilo. Al final ella cedió a los chantajes y se reunieron para hablar y el resultado fue que ella volvió con él. Lo peor es que después de esa decisión, los mensajes cursis regresaron y con mayor intensidad. Todo era miel sobre hojuelas en Facebook, pero yo sabía que la realidad de mi hermana era otra, una que deja cicatrices y que si no toma una buena decisión podría llevarla a la muerte. Mi hermana estaba viviendo un infierno pese a lo que se veía en su cuenta de la red social.